El debate en torno al fenómeno del “superpeso” ha regresado al centro del análisis financiero. La divisa mexicana se ha posicionado como una de las monedas más volátiles y, al mismo tiempo, más resilientes entre los mercados emergentes, cerrando recientemente en niveles cercanos a las 17.3 unidades por dólar, una apreciación acumulada en el año de aproximadamente 4 %.
Esta fortaleza cambiaria genera efectos mixtos en la economía nacional. Por un lado, funciona como un ancla para contener los precios y abarata los bienes de importación, lo que ha sido celebrado por la presidenta Claudia Sheinbaum en un contexto donde la inflación se ubicó en 4.11 % anualizado en la primera quincena de mayo, contrapesando la contracción del 0.6% que registró el Producto Interno Bruto (PIB) en el primer trimestre.
Por el otro, los exportadores y organismos como la Asociación Nacional de Empresarios Independientes (ANEI) advierten que una moneda excesivamente fuerte resta competitividad exterior, estrecha los márgenes de ganancia y acelera una tendencia a la desindustrialización al favorecer las compras externas sobre la producción local.
El impacto financiero en las corporaciones y Pemex
Las firmas transnacionales que reportan su contabilidad en dólares han comenzado a registrar impactos negativos (headwinds) en sus balances financieros debido a la fluctuación cambiaria:
- FEMSA: la compañía reportó que sus ingresos totales aumentaron 6.1 % y su utilidad operativa creció 5.5 % en el primer trimestre. Sin embargo, al excluir el efecto de la fortaleza del peso, los incrementos habrían sido de 8.5% en ingresos y 12.1 % en el resultado operativo.
- Alsea: la operadora de marcas de consumo reportó una caída del 61 % en su utilidad neta, atribuida de forma directa a los choques por el tipo de cambio.
- Pemex: las fluctuaciones entre el peso y el dólar incidieron en el balance de la petrolera estatal, la cual registró pérdidas por 2,600 millones de dólares.
Carry trade y el diferencial de tasas de interés
El soporte principal del peso mexicano radica en su elevada liquidez y en el diferencial de tasas de interés respecto a las economías desarrolladas, lo que incentiva la ejecución del carry trade (especialmente atractiva mediante el arbitraje con el yen japonés, donde los inversionistas adquieren deuda con tasas cercanas a cero en Japón para colocar los recursos en activos de alto rendimiento en pesos).
No obstante, esta estrategia financiera afronta riesgos debido a la moderación de la política monetaria local. El Banco de México (Banxico) determinó recortar la tasa de referencia para situarla en 6.50 %, dando por concluido su ciclo bajista.
Iván Arias, director de Estudios Económicos de Banamex, advirtió que la tasa se ubica cerca de terreno neutral y que cualquier incremento inesperado en las tasas de los bancos centrales de economías avanzadas podría detonar una liquidación de activos en pesos y generar volatilidad.
El factor de riesgo de la revisión del T-MEC
A las variables monetarias se añade el factor político de la revisión del T-MEC, mecanismo que resguarda el 80% de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos.
Durante el primer trimestre del año, las ventas externas de México avanzaron 17.9 % interanual, totalizando 175,586 millones de dólares, con proyecciones técnicas que sugieren que el año podría concluir cerca de un récord histórico de 730,000 millones de dólares.
Héctor Magaña, académico del Tecnológico de Monterrey, puntualizó que la cotización del peso reacciona de manera dinámica a los flujos de información del tratado. Una eventual parálisis o fricción en las mesas de negociación mermaría los flujos comerciales y depreciaría de forma inmediata el tipo de cambio, lo que sitúa la predictibilidad de la relación bilateral con Estados Unidos como el principal catalizador para la estabilidad de la moneda en el corto plazo.
Con información de El País.
