El mercado laboral global experimenta un cambio de paradigma estructural. Seis años después de la irrupción de la “Gran Renuncia”, el fenómeno pandémico caracterizado por salidas voluntarias masivas de trabajadores que priorizaban el bienestar, el entorno corporativo se enfrenta a la tendencia opuesta: la “Gran Permanencia”.
De acuerdo con la investigación La nueva era de los sistemas de talento, elaborada por la consultora LHH, el universo de personas que manifiesta el deseo de permanecer en su empresa actual de cara a los próximos 12 años se disparó del 76% al 95% a nivel global en los últimos dos años.
Este comportamiento refleja que la fuerza laboral está priorizando la estabilidad y adoptando una postura conservadora ante la percepción del entorno económico, inflacionario y geopolítico actual.
Contracción en la búsqueda de empleo y factores de supervivencia
La tendencia hacia la inmovilidad laboral se ve respaldada por otros indicadores de reclutamiento. El informe Tendencias de Talento de la firma Michael Page evidenció que, en un periodo de dos años, la proporción de profesionales que reconoce estar en una búsqueda activa de nuevas oportunidades de trabajo disminuyó del 63% al 51%.
“Muchos profesionales han adoptado un enfoque de ‘esperar y ver qué sucede’ antes de dar su próximo paso, mientras que la inflación se desacelera y la incertidumbre económica y política hacen que el talento piense dos veces”, señala el reporte de Michael Page.
Los especialistas advierten que sería un error técnico atribuir la baja en las tasas de rotación a un incremento en el compromiso (engagement) o la satisfacción de los colaboradores. La permanencia se está dando principalmente como un mecanismo de supervivencia ante la ralentización de las ofertas de trabajo en el mercado.
El riesgo de la renuncia silenciosa y la ruta a la fidelización
Esta quietud en el mercado laboral representa una ventana de oportunidad para que las áreas de Recursos Humanos consoliden estrategias de fidelización sin la presión tradicional de retención.
No obstante, las organizaciones que no actúen corren el riesgo de desarrollar una plantilla en estado de “renuncia silenciosa” (quiet quitting), donde el personal realiza el mínimo indispensable para conservar el puesto, limitando la innovación y la productividad.
Para capitalizar la “Gran Permanencia” en un compromiso real, las compañías cuentan con la ventaja de que las demandas de los trabajadores no dependen exclusivamente de grandes inversiones económicas, sino de ajustes de gestión. Conforme al análisis de LHH, los principales motivos que impulsan a una persona a renunciar son:
- Mejora salarial
- Balance vida-trabajo
- Flexibilidad de horarios
- Sentido de propósito
- Esquemas de teletrabajo
El diagnóstico concluye que las empresas que logren conectar el propósito corporativo con las metas individuales de sus colaboradores y mejoren los esquemas de flexibilidad laboral lograrán transformar este periodo de cautela en un incremento sostenible de su productividad, blindando su estructura interna para cuando el mercado laboral recupere su dinamismo habitual.
Con información de El Economista.
