La industria automotriz mexicana enfrenta una vulnerabilidad estructural en el segmento de bienes intermedios, insumos que conectan las materias primas con los componentes terminados.
A pesar de ser una potencia en ensamble, el país mantiene una alta dependencia de importaciones de tornillería especializada, piezas de precisión y electrónica, provenientes principalmente de Estados Unidos y China.
Alejandro Osorio, director de asuntos públicos de la Asociación Nacional de Productores de Autobuses, Camiones y Tractocamiones (Anpact), advierte que el crecimiento acelerado de componentes chinos genera retos para el desarrollo de la proveeduría local y la captura de valor dentro del territorio nacional.
Datos de la Industria Nacional de Autopartes revelan que el 16% de los componentes importados provienen de China, impulsados por ventajas en costos, mientras que Estados Unidos lidera el suministro bajo las reglas de origen del T-MEC.
Osorio identifica que existe un margen estratégico para que México fortalezca su participación en piezas donde ya tiene experiencia, pero que requieren una evolución tecnológica.
Según Fernando González, country manager de SEGULA Technologies, México debe transitar de ser un país de manufactura básica a una potencia en desarrollo de tecnología y productos con mayor valor agregado.
Uno de los principales obstáculos para esta transición es el costo de los insumos básicos. Alfonso Villa, directivo de ZF, señala que el acero en México puede costar hasta el triple que en China, lo cual es crítico dado que este material representa entre el 60% y 70% del costo total de un componente.
Esta brecha de precios dificulta la competencia con los mercados asiáticos y subraya la necesidad de una estrategia que fortalezca el acceso a materias primas competitivas.
Actualmente, la producción nacional se concentra en un 52.3% en partes eléctricas, transmisiones, asientos y motores, evidenciando una base industrial sólida pero aún limitada en su profundidad tecnológica.
Con información de Expansión.
