Dos de los mayores fabricantes de China, BYD y Geely, figuran entre los finalistas para adquirir una planta operada por Nissan y Mercedes-Benz en Aguascalientes, según fuentes cercanas al proceso. También compiten VinFast, además de otros fabricantes chinos que inicialmente mostraron interés.
El interés surge en un entorno complejo para el sector automotriz mexicano. Los aranceles de 25% impuestos por Estados Unidos a vehículos fabricados en México han presionado la producción, provocado despidos y reducido exportaciones.
En 2024, Estados Unidos adquirió 2.8 millones de los 4 millones de autos producidos en México, según la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA).
México perdió cerca de 60,000 empleos automotrices el año pasado y enfrenta una caída adicional si se mantienen las tarifas. En paralelo, el gobierno mexicano impuso aranceles de hasta 50% a vehículos chinos, medida interpretada como un intento de equilibrar la relación con Washington.
La eventual llegada de inversión china podría generar empleos y aprovechar infraestructura ya instalada —la planta tiene capacidad para producir 230,000 unidades anuales—, pero también plantea riesgos en el marco de la revisión del T-MEC.
Estados Unidos ha restringido la venta de marcas chinas en su mercado y ha acusado a México de facilitar la entrada indirecta de productos chinos. Funcionarios mexicanos habrían sugerido retrasar inversiones hasta concluir negociaciones comerciales con Washington.
Las automotrices chinas han incrementado su participación en México del 0% en 2020 a aproximadamente 10% del mercado. BYD y Geely vendieron más de 4 millones de vehículos cada una el año pasado, volumen similar al de Ford a nivel global.
Además de la posible adquisición de la planta, empresas chinas ya avanzan en etapas de proveeduría. En Ramos Arizpe, Shanghai Yongmaotai Automotive Technology construye una nueva planta de autopartes mientras otras armadoras ajustan producción ante menor demanda en Estados Unidos.
La operación aún depende de decisiones corporativas y, en el caso de empresas chinas, de aprobación de Pekín. Aunque México no puede bloquear la venta, el contexto político y comercial marcará el ritmo del proceso.
Para el país, la disyuntiva es clara: atraer capital y empleo en un momento de contracción industrial o priorizar la estabilidad en su principal relación comercial con Estados Unidos.
Con información de El Economista.
