El arranque de 2026 nos proporciona una fotografía incómoda para la narrativa oficial. Los principales indicadores siguen mostrando que la economía mexicana avanza con dificultad, sostenida por factores excepcionales, mientras los hogares enfrentan una presión creciente. El empleo formal registrado en el IMSS apenas crece gracias a la formalización de plataformas digitales; la inflación desacelera en términos técnicos, pero no al ritmo que perciben los hogares; y el crecimiento económico previsto para 2026 es modesto, insuficiente para abatir los rezagos acumulados.
Cada vez que estos datos se ponen sobre la mesa en mis redes sociales, junto con análisis y videos sobre el desempeño económico, aparecen dos tipos de reacciones muy claras. Por un lado, personas que cuentan historias duras sobre cómo las ventas de sus negocios se han desplomado en este arranque de año, después de un diciembre que ya había sido flojo, y que describen un entorno de consumo claramente más débil. Por otro, la reacción casi automática de simpatizantes del régimen, empeñados en descalificar cualquier información que contradiga la narrativa oficial, sin entrar al fondo de los datos ni a la experiencia cotidiana que viven miles de hogares y empresas.
La combinación de estos elementos no solo refleja un debate político polarizado, sino una economía que arranca 2026 con tensiones visibles entre lo que muestran los indicadores agregados y lo que se vive en la calle, una brecha que tiene a muchos preocupados y que merece ser analizada con seriedad en esta entrega.

Empleo formal: crecimiento estadístico, debilidad real
Durante 2025, la creación de empleo formal afiliado al IMSS alcanzó 278,697 plazas, un crecimiento anual de 1.3%. En apariencia, el dato sugiere estabilidad. Sin embargo, un análisis detallado muestra que el mercado laboral evitó un peor desempeño gracias casi exclusivamente a la incorporación de trabajadores de plataformas digitales como Uber, Didi y Rappi.
De cada cuatro nuevos empleos registrados ante el IMSS, tres correspondieron a este segmento. En términos absolutos, 74.1% de las plazas creadas en el año estuvieron vinculadas a plataformas digitales, un esquema laboral que fue reconocido formalmente en la legislación apenas en julio de 2025, en el marco de un programa piloto de incorporación a la seguridad social.
Si se excluye este componente, la realidad cambia de forma contundente. La creación de empleo asalariado regular se reduce a apenas 72,176 plazas en todo el año, lo que convierte a 2025 en el peor desempeño desde 2003 entre años sin recesión económica. El crecimiento del empleo sin plataformas fue de solo 0.3%, por debajo incluso del 0.5% esperado, evidenciando un estancamiento del mercado laboral tradicional.
Más aún, se estima que solo 13% de los trabajadores de plataforma incluidos en la prueba piloto cumplen con el umbral para ser considerados asegurados integrales, lo que abre dudas sobre la calidad y profundidad de esta formalización.

El comportamiento del empleo a lo largo de 2025 reflejó una clara cautela por parte de los empleadores. La incertidumbre ocasionada por temas internos, como la reforma judicial y la desaparición de los organismos autónomos, aunado a las dudas respecto de las relaciones comerciales de México, particularmente con Estados Unidos, mantuvieron a muchas empresas en modo de espera, postergando decisiones de contratación.
A esto se suma el desempeño sectorial. La caída en la producción de la industria —minería, construcción y manufactura— y la desaceleración de los servicios limitaron la capacidad de generación de empleo. Al cierre del año, 18 de las 32 entidades federativas reportaron nóminas menores en términos interanuales. Campeche registró una caída de 8.3%, seguido de Tabasco con -3.8%, Coahuila con -2.6% y Sonora con -2.4%.
Aunque 86.9% de los empleos registrados ante el IMSS son permanentes y solo 13.1% eventuales, esta estabilidad contractual no se tradujo en una mayor creación de plazas. El problema no fue un cambio en la modalidad de contratación, sino una menor demanda de trabajo.
El cierre del año confirmó la fragilidad antes descrita. En diciembre de 2025 se perdieron 320,692 empleos formales registrados en el IMSS, la peor caída mensual desde 2022. Si bien el ajuste es estacional y menor al observado en diciembre de 2024, cuando se perdieron más de 405,000 empleos, representó la pérdida del 53.5% de los puestos de trabajo que se habían generado hasta noviembre.
En comparación histórica, el contraste es claro. Entre 2010 y 2019, México generó de forma sistemática más de 600,000 empleos formales anuales en promedio, con picos superiores a 800,000, impulsados por manufactura, comercio y servicios. Incluso tras la pandemia, en 2021 se crearon más de 800,000 empleos. El desempeño de 2025 es a todas luces mediocre y dependiente de un solo segmento.
En cuanto al salario base de cotización promedio, al cierre de 2025, alcanzó 627.9 pesos diarios, el nivel más alto para un diciembre desde que se tiene registro. La variación anual fue de 6.9% nominal, el cuarto mayor incremento para ese mes.
Sin embargo, algo que nos debe preocupar aún más, es que el número de patrones inscritos en el IMSS cayó en 6,839 registros en diciembre, con una tasa anual negativa de 0.7%. El IMSS atribuyó esta disminución a medidas de seguridad en la apertura de registros patronales, pero el dato refuerza la idea de que México atraviesa una situación complicada, con bajo crecimiento económico en general y caídas en particular, que ocasionan el cierre de empresas.
Inflación: desaceleración técnica, presión cotidiana
En materia de precios, 2025 cerró con una inflación anual de 3.69%, el menor incremento para un año completo desde 2020. El dato permitió que el INPC acumulara seis meses dentro del rango objetivo de Banco de México, de un 3 por ciento, con un margen de variación de más/menos un punto porcentual.
La desaceleración fue impulsada principalmente por el componente no subyacente, que aumentó solo 1.61%, muy por debajo del 5.95% de 2024. Las frutas y verduras registraron una caída anual de 5.62%, mientras que los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno subieron apenas 0.18%.

No obstante, el componente subyacente se mantuvo elevado, con un avance de 4.33%. Los alimentos y bebidas aumentaron 5.22%, los servicios 4.35% y el resto de las mercancías 3.51%.
Aquí es importante hacer una precisión clave. Si bien no se cuestiona el dato técnico del INEGI, existen serias dudas sobre si los ponderadores del índice reflejan realmente la carestía que enfrentan los hogares mexicanos promedio. Las familias no consumen promedios estadísticos; compran alimentos, pagan transporte y servicios que siguen siendo más caros que hace dos o tres años, y que pesan de manera desproporcionada en sus presupuestos.
Por su parte, la encuesta de Research Land confirma esta brecha entre el dato macro y la experiencia cotidiana. Seis de cada diez mexicanos enfrentan la cuesta de enero 2026, principalmente por gastos decembrinos, inflación y falta de planeación financiera.
El 24% de los encuestados señaló que la inflación fue el factor que más afectó su presupuesto, mientras que 19% combinó gasto excesivo con encarecimiento de productos. Además, 16% ya arrastraba deudas desde antes de diciembre.
Aunque 44% considera que la cuesta de enero es responsabilidad individual, también existe una demanda clara por acciones estructurales, como control de precios de productos básicos, educación financiera y mejores condiciones crediticias.
De cara a 2026, los riesgos inflacionarios son evidentes. Analistas coinciden en que el objetivo puntual de 3% será difícil de alcanzar. Entre los principales factores de presión destacan el aumento de 13% en el salario mínimo, el alza del IEPS en ciertos bienes, el incremento en el salario mínimo y de la carga social a las empresas, así como los efectos de los aranceles.
Goldman Sachs prevé una inflación de 4.2% para 2026. Banco Base estima que se ubicará por arriba de 3.8%. Fitch anticipa 3.8% al cierre del año. Incluso se estima que en el primer cuatrimestre la inflación podría acercarse a 5%.
El salario mínimo acumula ocho años de incrementos de doble dígito, con un alza real de 168%. Aunque ha mejorado el poder adquisitivo de las bases que trabajan en la economía formal, no ha estado acompañado de un aumento equivalente en la productividad, lo que ha generado presiones en precios, particularmente en servicios, y ha incentivado la informalidad.
Crecimiento económico: avance insuficiente
En este contexto, las expectativas de crecimiento publicadas recientemente son modestas. El consenso de 35 analistas encuestados por Citi anticipa un crecimiento del PIB de 1.3% en 2026, apenas por encima del 0.4% estimado para 2025.
Cinco grupos financieros prevén un crecimiento inferior a 1%, con Scotiabank estimando apenas 0.6%. La previsión del consenso queda por encima del punto medio de Banxico, pero por debajo del rango planteado por el gobierno federal en los Criterios Generales de Política Económica.
El crecimiento, aunque positivo, evidentemente es insuficiente para corregir el déficit de empleo, absorber la presión demográfica y aliviar la carga financiera de los hogares.
Conclusiones
Los datos de empleo, inflación y crecimiento no describen una economía en transición hacia una fase de mayor dinamismo, sino un sistema que empieza a mostrar límites claros en su capacidad de ajuste. La creación de empleo formal en 2025 no respondió a una expansión del aparato productivo, sino a una decisión administrativa que permitió formalizar trabajos que ya existían. Sin ese componente, el mercado laboral habría tenido su peor desempeño en más de dos décadas, incluso sin una recesión formal de por medio.
La inflación, por su parte, ofrece una lectura similar. El descenso del índice general se explica por factores específicos y transitorios, como la caída en los precios de frutas y verduras y la contención de energéticos, mientras el componente subyacente —el que más incide en el gasto cotidiano— permanece elevado. La experiencia de los hogares, reflejada en la cuesta de enero y en la percepción de pérdida de poder adquisitivo, confirma que la estabilidad estadística no se traduce en alivio económico real.
Hacia 2026, el escenario se vuelve más exigente. Los incrementos al salario mínimo, el aumento del IEPS, el encarecimiento del costo laboral y los ajustes arancelarios configuran un entorno de presiones inflacionarias persistentes, justo cuando el crecimiento económico esperado es insuficiente para absorberlas. Con un PIB proyectado de 1.3%, México enfrenta el reto de sostener mejoras salariales sin un respaldo equivalente en productividad, inversión y generación de empleo genuino.
El problema central no es la ausencia de cifras positivas aisladas, sino la dependencia creciente de factores extraordinarios para evitar un deterioro mayor. Cuando el empleo formal depende de la formalización y no de la expansión productiva, cuando la inflación baja más por debilidad del consumo que por eficiencia económica, y cuando el crecimiento no alcanza para cerrar brechas estructurales, el margen de maniobra se reduce.
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Alejandro Gómez Tamez*
Director General GAEAP*
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