Las jornadas laborales extensas se posicionan como el tercer principal riesgo social para las empresas en México, solo detrás de la generación de emisiones y de residuos, según el informe Panorama ASG en México y Centroamérica de KPMG.
Este riesgo fue reconocido por 36% de los ejecutivos mexicanos, por encima del promedio de Centroamérica (26%), lo que refleja una creciente preocupación por el balance vida-trabajo dentro de las organizaciones.
De acuerdo con Olivia Segura, socia de Asesoría en Capital Humano y Gestión del Talento de KPMG en México, este fenómeno está relacionado con una mayor conciencia social y atención al bienestar integral.
La especialista explicó que antes se normalizaban las largas jornadas, pero hoy se reconocen sus impactos en la salud mental y la productividad.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) reporta que 41.7% de la fuerza laboral mexicana carece de equilibrio entre la vida personal y laboral, ubicando al país solo por debajo de Filipinas en este indicador.
En ese contexto, 40% de las organizaciones mexicanas consideran la seguridad y salud de los colaboradores como el aspecto más relevante de su agenda ASG, después de la sostenibilidad en la cadena de suministro.
Segura advirtió que el exceso de carga laboral puede detonar rotación de personal y afectar la valuación empresarial, por lo que recomendó adoptar una cultura organizacional centrada en el talento.
Además, explicó que la gestión del tiempo laboral está vinculada con la planeación y eficiencia de los equipos, así como con la eliminación de actividades redundantes.
Este tema cobra especial relevancia ante la inminente reducción de la jornada laboral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum, la cual plantea disminuir dos horas por año a partir del 1 de enero de 2027, hasta alcanzar 40 horas semanales en 2030.
Finalmente, Iván González, director en México de la certificación Empresa Familiarmente Responsable (EFR), señaló que una gestión adecuada del tiempo de trabajo incrementa la productividad entre 31% y 40% y reduce el ausentismo hasta en 51%, destacando que no se trata de la cantidad de horas trabajadas, sino de la calidad y liderazgo con que se gestionan.
Con información de El Economista.
