A partir de este jueves entraron en vigor los nuevos aranceles a la importación de productos procedentes de países con los que México no tiene tratados comerciales, como China, medida aprobada por el Congreso de la Unión en diciembre de 2025.
Los gravámenes, que oscilan entre 5% y 50%, se aplican a 1,463 fracciones arancelarias de sectores como calzado, textil, automotriz, juguetes, plásticos y electrónicos, entre otros. Según la Secretaría de Economía, el objetivo es proteger cerca de 350 mil empleos y contribuir a la reindustrialización del país.
En 2024, México importó 2,163.1 millones de dólares en calzado, de los cuales 41.5% provinieron de China, y 3,281.1 millones en juguetes, con 61.5% de origen chino, según datos del Inegi. Los nuevos aranceles fijan tasas de 25% a 35% para calzado y 30% para juguetes.
Analistas interpretan la medida como un alineamiento con la política comercial de Estados Unidos, en medio de la revisión del T-MEC y del contexto de tensión global impulsado por la política arancelaria del presidente estadounidense Donald Trump.
En respuesta, un portavoz del Ministerio de Comercio de China expresó que Pekín espera que México “corrija esta práctica errónea de unilateralismo y proteccionismo”, mientras la Secretaría de Economía aclaró que la disposición “no está dirigida a ningún país en particular”.
Temen evasión y contrabando en aduanas
No obstante, especialistas en comercio internacional advirtieron posibles riesgos de evasión y contrabando hormiga en regiones con esquemas preferenciales, como la Zona Libre de Chetumal, la Región Fronteriza y la Franja Fronteriza Norte, donde persisten tasas de 0% o 5% para cientos de fracciones arancelarias.
El 19 de diciembre, el Gobierno federal extendió hasta el 31 de diciembre de 2026 la vigencia del Decreto de Zona Libre de Chetumal, que desgrava más de 1,300 fracciones arancelarias para importaciones definitivas realizadas por empresas registradas en la región.
Expertos señalaron que la coexistencia de aranceles generales con regímenes regionales preferenciales puede incentivar la introducción fragmentada de mercancías al resto del país, generando pérdida recaudatoria, competencia desleal y afectaciones a los objetivos de la política comercial nacional.
Con información de El Economista y Reforma.
