México se consolidó en 2025 como uno de los blancos más frecuentes de ciberataques industriales en América Latina, al registrar intentos de infección en el 24% de sus sistemas de control industrial (ICS), una tasa superior al promedio regional (20.4%), según el informe más reciente del Kaspersky ICS CERT.
El país sólo fue superado por Bolivia y Venezuela (25%), y se ubicó por encima de Brasil (17%) y Chile (18%), naciones con niveles más bajos de exposición.
De acuerdo con Claudio Martinelli, director general de Kaspersky para América Latina y el Caribe, México combina un alto nivel de industrialización con una estrecha conexión con las cadenas de suministro de Estados Unidos, lo que lo vuelve especialmente atractivo para los atacantes.
El especialista señaló que un ataque exitoso en una planta mexicana puede afectar directamente la operación de empresas estadounidenses, especialmente en sectores como automotriz, alimentos, químico y siderúrgico, donde una interrupción de horas puede generar pérdidas millonarias.
El informe advierte que la pandemia aceleró la digitalización industrial, al conectar sistemas de manufactura a internet para mantener la operación remota. Esta integración, aunque útil para la continuidad operativa, amplió la superficie de ataque.
Entre los objetos maliciosos detectados destacan ransomware, spyware, gusanos y páginas de phishing, capaces de propagarse por redes internas y afectar procesos críticos.
El ransomware sigue siendo el tipo de ataque más devastador para la industria, al comprometer líneas de producción, plantas eléctricas y sistemas de distribución de agua. A diferencia de un equipo de oficina, la restauración en entornos industriales puede tardar días o semanas, con costos económicos y sociales considerables.
Mientras Colombia (16%) y Costa Rica (14%) muestran avances en ciberseguridad por mayores inversiones en protección y capacitación, México permanece entre los países con mayor vulnerabilidad.
Los analistas advierten que la interdependencia de las cadenas de suministro regionales multiplica el riesgo: una empresa puede protegerse, pero seguirá expuesta si alguno de sus socios no lo hace.
Martinelli concluye que la seguridad industrial debe asumirse como un eje estratégico de competitividad, y no sólo como un problema técnico. La protección de los sistemas de control industrial, enfatizó, será clave para el futuro del nearshoring y la estabilidad de la manufactura mexicana.
Con información de El Economista.
