Desde que Estados Unidos impuso aranceles a las importaciones chinas en 2018, México se ha convertido en una de las principales rutas de entrada para que Beijing mantenga su presencia en el mercado estadounidense, de acuerdo con una investigación del Brookings Institute.
El estudio señala tres mecanismos principales: transbordo de mercancías, integración en cadenas productivas e inversión extranjera directa (IED).
En el primer caso, productos chinos llegan a puertos mexicanos, reciben reempaque o cambios mínimos y luego se exportan a Estados Unidos con documentos que los identifican como de origen mexicano. Esto ha sido evidente en sectores como el acero y los transformadores eléctricos.
En el segundo, los insumos chinos se han integrado en cadenas de valor de la región. Según Brookings, alrededor del 30% del valor de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos incluye componentes provenientes de China, con mayor peso en la industria automotriz.
El tercer mecanismo es la inversión. Empresas chinas han destinado 3,770 millones de dólares en México para instalar plantas de autos eléctricos y baterías, cifra que duplica los niveles históricos de IED, aunque sigue siendo baja respecto al PIB nacional.
El reporte advierte que esta estrategia debilita la política de “desacoplamiento” impulsada por Washington, pero también plantea un dilema para México: aplicar sanciones más estrictas podría afectar a su industria y tensar la relación con su principal socio comercial.
Como salida, Brookings propone una coordinación trilateral bajo el T-MEC para reforzar la vigilancia, definir reglas comunes y garantizar que no se frene el comercio legítimo que sostiene más de 1.7 billones de dólares en intercambio intrarregional y 17 millones de empleos en Norteamérica.
Con información de Expansión.
